Ciclo, C, nos ha inspirado mucho el comentario recibido en el grupo de whats app “BuscandoTe” (Jóvenes Más Buscoalgomas).
Lo reproducimos aquí:

La fe no es una trocha para conseguir, rápida y eficazmente, que se haga nuestra voluntad, o nuestro capricho. La fe no es una manera de salirnos con la nuestra, de ganar para nosotros un trato preferencial de parte de Dios. La fe no es una fórmula mágica para encontrar respuesta a todos nuestros interrogantes, ni una maquinilla de hacer milagros a la medida de nuestras necesidades.
Por eso ante la petición de los apóstoles a Jesús: “Auméntanos la fe”, Jesús les quiere llevar a comprender que el problema es otro: que no se trata de la cantidad de la fe, sino de su calidad. Y a partir de esa fe, -burda y desorientada- a la que ellos se refieren, Él comienza a llevarlos de la mano hacia otro tipo de fe más auténtica; de tal calidad que, aunque fuera tan pequeña como un grano de mostaza, haría maravillas de ésas que dejan a la gente boquiabierta.
La fe no es una clave secreta para comprender si no para confiar, para fiarse de, para esperar, a veces contra toda esperanza. La fe, en definitiva, no nos exime del esfuerzo, ni de la lucha. No nos lleva en volandas para que nuestro pie no se lastime contra las piedras. Que el hacer bien las cosas no es en nosotros una fuente de mérito, sino sencillamente el cumplimiento de una obligación. Que la fe nos llega por una puerta diferente, llamada: “gracia”: es pura bondad, pura misericordia del Padre.
Hoy el Señor cuestiona nuestra fe y nos pregunta: ¿qué clase de fe tienes?Limpiemos nuestra fe de hojarasca y adherencia, hasta llegar a una fe sin otro punto de apoyo en la plena confianza en el Padre con una fe que se guardará bien de pasar recibo a Dios. Porque sabe, de sobra, que no es salario, sino don: puro regalo de un Dios que nos ama.
Que Los Santos Ángeles Custodios nos acompañen siempre en esta aventura de la fe.